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Ciudades en Senegal

Los destinos más populares

3 ciudades en Senegal

Ciudades en Dakar
Dakar
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Dakar se presenta como una ciudad increíble, distinta, digna de ser conocida palmo a palmo. Se trata de una ciudad que crece poco a poco, que trata de salir adelante en un país y un continente poco favorecidos por la vida. La ciudad, que sustituyó a Saint Louis como capital de Senegal, es una urbe de contrastes, en la que la riqueza y la pobreza se dan la mano, junto con lo austero y lo moderno. Aunque haya una gran pobreza, las gentes son felices y viven al día, ganando lo que pueden en trabajos esporádicos. Los que más suerte tienen trabajan en oficinas o empresas europeas. La ciudad, colonial en todo su esplendor, está en constante cambio, sobre todo en los alrededores. Lo que es Dakar en sí es una ciudad bastante modernizada, con algunos edificios atos, sedes oficiales bien cuidadas, palacios... todo digno de la capital de un país. Pero el contraste de la modernidad se ve con los vendedores ambulantes y las casetas que se caen donde las mujeres comercian con pan, carne... Merece la pena recorrerla bien, aunque es grande, hay sitios que no se pueden dejar pasar. Empezando por la parte sur, cerca del puerto, podemos iniciar en el monumento al milenio, un hombre gigante tocando una especie de instrumento como señal de que el país quiere entrar en ese futuro que sólo está destinado a unos pocos. Por ahí, paseando por la rambla un poco y luego subiendo por sus callecitas, todas asfaltadas y... algo señalizadas, aunque es un caos ciurcular, llegaremos hasta la plaza de la independecia, como el centro neurálgico de la ciudad. Esta, con forma rectangular, distribuye varias avenidas principales, entre ellas la Sarraut, que es la que desemboca en el mercado kermel. Por la avenida del norte llegaremos a la estación y al puerto, y por la del oeste al palacio legislativo y al barrio más lujoso y de más dinero. Lo mejor aquí es conocer sus calles, darse un paseo por ellas y ver que es más moderno y avanzado de lo que muchos nos pensaríamos antes de ir. Es un caos de gente y coches yendo y viniendo por calles estrechas, donde los ricos se juntan con los pobres para comprar l que venden, sin importarles su clase social.A quí cada uno tiene un rol y no le importa que el otro sea distinto. Sin embargo, la cosa cambia cuando comenzamos a salir de la ciudad. En la afueras todo es mucho más pobre y llamativo. No hay calles, sólo arena, todo está destrozado, los tendidos eléctricos se caen, la gente deambula por las calles... Y de repente surge, de la nada y en la nada, un edificio moderno de un laboratorio americano, por ejemplo. De contrastes decíamos... Otro de los sitios más recomendables es la mezquita que está al lado de la playa y que se puede visitar cualquier día menos los viernes. Es impresionante verla en todo su esplendor al lado del mar. También hay que darse un paseo por el lujoso barrio de Punta Les Almadies, donde tienen casas numerosos famosos como el ídolo senegalés Yossou ´N’Dour. Aquí está la zona más turística y con más hoteles lujosos de la ciudad. Otros sitios curiosos... el aeropuerto, que os aseguro no pasará desapercibido, y el estadio de fútbol Leopoldo Sedar Senghor -entre el aeródromo y el centro de la ciudad- En definitiva, una ciudad para perderse sin ningún tipo de miedo, pues es muy muy segura. Lo único, la gente es muy pesada vendiendo cosas, pero no roban, a menos que os metáis en el peor barrio de la ciudad, claro, pero el 98 por ciento es seguro. Su historia también está relacionada con los esclavos, como Goree, pues su situación la hacían un lugar idóneo para crear un mercado de esclavos.
Ciudades en Saint-Louis
Saint Louis
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Saint Louis, la antigua capital de Senaegal, se encuentra al norte de Senegal, a unos 100 km al sur de la frontera de Mauritania. Esta ciudad colonial, a orillas del río Senegal, tiene una forma un tanto curiosa. Consta de 3 partes. Una primera está en el propio continente, rozando la desembocadura del río. Hacia el oeste, en la otra orilla del río, como si de una bahía se tratase, está la otra parte, una especie de islita pequeña unida por un puente, diseñado por Gustavo Eiffel. Y justo más al oeste, surcando otro tramo de agua, hay un brazo que viene del norte, como un espigón, y que acaba varios kilómetros más abajo. Quizás las partes más bonitas sean la primera y la segunda, pues la última, que no menmos interesantge, es la parte del puerto y de los pescadores. Aquí, eso sí, podréis ver como se hacen los cayucos y veréis cientos y cientos de ellos por todos lados. Estos son los mismos que usan los inmigrantes a la hora de jugarse la vida en busca de una mejor. La parte vieja está en el centro, por decirlo así, en la islita. Aquí las calles no existen, sólo hay arena y cada casa es de una forma y a cual peor conservada. Se huele la pobreza, pero también la felicidad y la dignidad. Ninguno está triste aún a sabiendas de que ahí fuera hay una vida mejor. Son felices con lo que tienen y sólo luchan por sobrevivir al duro día a día. Las calles no están muy abarrotadas, sólo algunas placitas y poco más. Es para pasear y conocerlo, no es muy grande, así que podréis abarcarlo bien. Merece la pena la parte de la escuela de música y la pequeña mezquita, una amplia avenida que lleva a la desembocadura del río Senagal, donde juegan los niños sin preocuparse por nada, sólo de disfrutar. Por las calles hay bastantes vendedores ambulantes de comida, que la verdad no es muy recomendable... Aquí destacan trs sitios para comer o descansar. Uno, en la punta sur de la islleta, es un bar bastante moderno y acogedor, con aire acondicionado, muy muy necesario aquí, y gran variedad de cosas. Muy limpio y con buen servicio. Otro, nada más cruzar le hotel a la derecha. Es un restaurante que está bastante bien. Es como un barco donde el pescado es bastante bueno. Y el último, según cruzas el puente a la izquierda, en la misma esquina. Es un hotel muy recomendable y confortable, a la par que limpio y cuidado. En esta parte está la oficina de correos más antigua de toda África. En la parte continental de la ciudad las calles no son mucho mejores, aunque alguna si que hay algo más moderna. En la entrada está la antigua estación, ahora desierta, el mercado y la mezquita. A partir de ahí surgen cientos de callejuelas a cual más complicada, sin orden, con casas de todos los tamaños y materiales. El tráfico es bastante más caótico y se palpa ajetreo, trabajo y prisa. También se nota esa pobreza que tratan como de olvidar, con el ajetro y bullicio diario. Viven día a día, algunos, con más suerte, trabajan en alguna de las oficinas que hay en la ciudad o en los restaurantes, tiendás y demás, aunque la mayoría se gana la vida como puede. Hay que perderse por ellas, mirar a las gentes y tratar de entender cómo son y cómo es su vida, que os aseguro no es fácil. Es una ciudad para sentir, moderna en alma pero antigua en cuerpo, que quiere y le cuesta poder, pero que avanza poco a poco a la sombra de un continente que no le es nada favorable. Un lugar muy curioso es la plaza principal, caótica a más no poder y donde, a ragtos, sentiréis un agobio que no entenderéis y que ellos ven como algo normal. El caos parece no existir aquí, al menos para ellos. Una ciudad, en definitiva, con una belleza especial distinta e inovidable. De gentes amables y con esperanza, mucha esperanza. Y con unas puesas de sol, mágicas. Merece, al menos, una noche ahí.
Ciudades en Oussouye
Edioungou
En esta zona entre manglares se encuentra el " Hotel Bolongs " un agradable establecimiento con una terrana amplia de madera desde donde contemplar el manglar y a su gente marisqueando el camarón . Aquí comimos una rica comida a base de arroz - pescados - camarones y unas cerbecitas muy frescas , para continuar en excursión hacia la isla de Oubaline . Un lugar entrañable y autenticos del país , una aldea con pocos signos de comodidad si conserva unas típicas viviendas ¡ impluviun ! en un entorno primitivo e idílico . Estas solo existen en el país diola , viviendas circulares en tierra rojiza tipo banko ( material mezclado de arcilla con paja , excelente aislante termico ) Su doble techo en forma de embudo ,permite la entrada de luz y aire y sirbe para recoger el agua de lluvia. Desde fuera parecen pequeños fuertes , concebidas como autenticas fortalezas defensivas . Majestuosos palacios de tierra , con una densa y exuberante vegetacion , en la Baja Casamance